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Transcripción
Estás delante de la Torre del Oro, uno de los emblemas de Sevilla. Fue construida en 1220 por los almohades como parte de las murallas que defendían el puerto de la ciudad. Junto a otra torre situada en la orilla de Triana, sostenía una gran cadena que podía cerrar el paso del río a los barcos enemigos. Tiene doce lados en su base y por eso llama tanto la atención. Su nombre no viene del oro que llegaba de América, aunque muchos lo cuentan así, sino del brillo dorado que producía originalmente su recubrimiento de mortero de cal y paja, reflejándose en el río. Después de la conquista cristiana la torre tuvo mil usos: prisión, capilla, almacén de metales preciosos, oficina de la Casa de la Contratación. En el siglo XVIII estuvo a punto de ser demolida tras el terremoto de Lisboa, pero los sevillanos protestaron y se salvó. Hoy alberga un pequeño Museo Naval con maquetas, instrumentos y cartas de navegación. Sube arriba, la vista del Guadalquivir, de Triana y de la Maestranza merece la pena. Consejo de visita: los lunes suele ser gratis, y siempre es más bonito venir al atardecer, cuando el sol enciende de verdad el color dorado de la piedra. Si te apetece, continúa el paseo por el río hacia el Puente de San Telmo y luego súbete a un crucero corto por el Guadalquivir; verás Sevilla desde la orilla que en su día abrió las puertas al Nuevo Mundo.
