Murillo y la Sevilla artística

Murillo y la Sevilla artística

Pintores del Barroco sevillano.

Murillo y la Sevilla artística

Escuchar audioguía

≈ 2–3 min

Transcripción

Entre finales del siglo XVI y todo el siglo XVII, Sevilla fue una de las capitales artísticas de Europa. La razón es simple: era la puerta del Nuevo Mundo, había dinero, conventos ricos y una clientela hambrienta de imágenes devotas. En ese ambiente nacen tres nombres que aún se estudian en todo el mundo. El primero es Diego Velázquez, sevillano de nacimiento en 1599. Aquí se formó con Francisco Pacheco, aquí pintó sus escenas populares —los llamados bodegones— antes de marcharse a Madrid como pintor del rey Felipe IV. El segundo es Francisco de Zurbarán, el pintor de los conventos: santos, mártires y monjes tratados con una luz seca y potente, casi fotográfica. Y el tercero, Bartolomé Esteban Murillo, el pintor que definió el rostro dulce de la Virgen y de los niños de la calle. Murillo nació en Sevilla en 1617, se casó, tuvo hijos, fundó la primera academia de pintura de la ciudad y murió aquí en 1682 tras caerse de un andamio pintando en Cádiz. Junto a ellos brillaron escultores como Juan Martínez Montañés, cuyos Cristos y Vírgenes salen todavía en Semana Santa, y Pedro Roldán, autor del retablo de la Caridad. Consejo de visita: para conocer bien a estos maestros, entra al Museo de Bellas Artes, en la antigua Merced, uno de los mejores museos de España; sigue con la iglesia del Hospital de la Caridad, donde Murillo dejó obras enteras pintadas para los pobres; y termina con una vuelta por el Hospital de los Venerables, con más Murillos y Valdés Leal. En una tarde tendrás una idea muy completa del Siglo de Oro sevillano.